El término VOCACIÓN proviene del latín: VOCARE, que significa llamado. Sentir una vocación equivale a decir que alguien me está llamando. Todos somos llamados a la vocación y ese llamado viene de Dios.

Recibimos la vocación a partir de la gestación. Vivir es existir en Dios, por Dios y para Dios, por eso, también, los no cristianos son llamados a la vocación.

 
El ser humano tiene la libertad de responder o no al llamado, porque Dios propone pero no impone, Él invita y no obliga; todos los estados (sacerdote, religiosa, casado, solteros) son importantes para el llamado, los caminos o respuestas son diversas, pero los objetivos son los mismos.

Podríamos decir también, que toda vocación sacerdotal por el bautismo, es un don de la gracia divina, recibido a través de la Iglesia, en la Iglesia y para el servicio de la Iglesia. Respondiendo a la llamada de Dios, el hombre se ofrece libremente a Él en el amor.
 

Pastoral Vocacional Escalabriniana
 

Como el Buen Samaritano (Lc. 10,29-37), Scalabrini se dejó interpelar por la realidad de su época, marcada profundamente por la migración, de la cual surgió una respuesta integral para acompañar, orientar y defender a los migrantes. Para esa finalidad, elaboró una visión de la migración, que no solo percibía el drama y los peligros, sino también vislumbraba la acción de Dios escondida detrás de ese fenómeno, viendo la providencia divina en todos esos acontecimientos.
El encuentro con los dramas y las alegrías de los migrantes hizo brotar una espiritualidad de la Encarnación, manifestada en la acogida, en la comunión, en la inclusión y en la valoración de las diferencias. El encuentro con la experiencia del éxodo de los migrantes nos ayuda a vivir la “itinerancia” y ser peregrinos en dirección al otro El encuentro con el migrante nos desafía a vivir la comunión en la diversidad, denunciando los proyectos de exclusión, de eliminación de las diferencias y anunciando el Proyecto de Dios que crea una dinámica que nos hace pasar continuamente de la comunión para la diversidad y de la diversidad para la comunión.

La espiritualidad Misionera Escalabriniana es extremadamente
actual y profética


Nunca en la historia, la humanidad experimentó tantos encuentros de personas y pueblos de culturas y etnias diferentes, en un ritmo siempre más acelerado, conocida como, la globalización. A pesar de esto, nuestro mundo se caracteriza también por un individualismo, anonimato, competición y lógicas de exclusión, en que el ser humano corre el riesgo de ser un simple numero, la existencia, una gran carrera, la vida sofocante, las relaciones funcionales y en que crece la concentración de individuos sin que eso signifique encuentro de personas.

La espiritualidad misionera escalabriniana, basada en Jesucristo inspirada en Monseñor Scalabrini, Apóstol de los migrantes, intenta crear comunidades donde, en nivel interno suceda la salida de si mismos, la acogida, el encuentro profundo, la comunión a partir de las diferencias y no a pesar de las diferencias, el dialogo, la solidaridad y la valorización de la dimensión cultural como algo a ser compartido.

La misma espiritualidad misionera escalabriniana guía externamente las comunidades y las personas rumbo a la apertura a los otros, al mundo, a Dios, al dialogo con el diferente, al testimonio del respeto recíproco, al anuncio de un mundo sin barreras, a la denuncia del escándalo, de la exclusión y de la discriminación.

De esa forma, la espiritualidad misionera escalabriniana anticipa, de manera parcial, el encuentro del ser humano migrante rumbo a la comunión definitiva con Dios.